La biomasa ha sido siempre el patito feo de las energías renovables. Los grandes beneficios se obtenían más rápidamente con un parque eólico y sobre todo con un huerto solar. La inversión de una planta de biomasa para generación eléctrica y sobre todo los tiempos de ejecución hacían más atractivo el negocio en paneles o aerogeneradores. Arrinconadas quedaron las pequeñas calderas térmicas que no recibían ni tan siquiera subvenciones.

No hacía falta. El pequeño mercado de calderas y estufas de pellets no lo necesitaba. Tan sólo necesitaba tiempo. El tiempo que requería la creación de una infraestructura de aprovisionamiento fiable. El precio del pellet era el argumento para la sustitución de calderas en comunidades de vecinos, o industrias que utilizaban fueloil. Ahora, el mercado del pellet se ha normalizado y estabilizado y puede ofrecer además la garantía de suministro que podía fallar en sus inicios.